Amor a las Orejas Voladoras
Los Cuadernos de Don Rigoberto
Mario Vargas Llosa
Fragmento
Ojos para ver, nariz para oler, dedos para tocar y orejas como cuernos de la abundancia para ser frotadas con las yemas, igual que la jorobita de la jorobada o la pancita del Buda —que traen suerte— y, después, lamidas y besadas.
Me gustas tú, Rigoberto, y tú y tú, pero, por encima de todas tus otras cosas, me gustan tus orejas voladoras.
Quisiera ponerme de rodillas y aguaitar esos agujeritos que tú limpias cada mañana (la que sabe, sabe) con un palito algodonado y les arrancas los vellitos con una pinza —pelito ay por pelito ay junto al espejo ay— los días que les toca la purificación. ¿Qué vería yo por esos hondos huequecitos? Un precipicio. Y, así, descubriría tus secretos. ¿Cuál, por ejemplo? Que, sin saberlo, ya me amas, Rigoberto. ¿Alguna otra cosa vería? Dos elefantitos con sus trompitas levantadas. Dumbo, Dumbito, cuánto te amo.
Entre gustos y colores no han escrito los autores. Tú, para mí, aunque hay quien dice que por tu nariz y tus orejas ganarías el concurso El Hombre Elefante del Perú, eres el ser más atractivo, el más buen mozo que se ha visto. A ver, Rigoberto, adivina, si me dieran a escoger entre Robert Redford y tú ¿quién sería el elegido de mi corazón? Sí, orejita mía, sí, narigoncito, sí, Pinochito: tú, tú.
¿Qué más vería, si me asomara a espiar por tus abismos auditivos? Un campo de tréboles, todos de cuatro hojas. Y ramos de rosas cuyos pétalos tienen retratada, en su pelusa blanca, una carita amorosa. ¿Cuál? La mía.
¿Quién soy, Rigoberto? ¿Quién es la andinista que te ama y te idolatra y algún día no lejano escalará tus orejas como otros escalan el Himalaya o el Huascarán?
Tuya, tuya, tuya,
La loquita de tus orejas
Comentarios
gracias por el mail, escribí y nada...
Ke paso con tu blog? Por ke desaparecio? Ya ni como encontrate...
Bueno, gracias por pasar a ver ke hay por aca... Y si, debe ser lindo, encontrar un amor asi, tan asi, apasionado, libre y entregado, como el de Lucrecia y Rigoberto...